A VOS TE ESCRIBO HOY

A vos te escribo hoy. Sí. A vos.

Allí estás, marcada a pinceladas.

La luz de esa vela azul que quise colocar bajo tu rostro, te refleja tu luz.

Vos, la vela y yo. Que soy vos misma.

Te miro y me proyecto.

Ese color apasionado rojo que rodea tu rostro te delata.

Furiosa pasión que te identificaba en los hermosos años de tu adolescencia.

Hoy, madura, persiste aún, aunque metódica y serena.

Haberte pintado hace ya años, te sirve hoy, bah, me sirve, para reconocerme y acordarme. Rememorarme y porque sí, volver a amarme.

Ya estamos las dos pisando los 50. Arriba suena un dulce bandoneón, ayer un loco rock and roll. La música, que siempre te acompaña, saliéndote en burbujas, de tus cuevas inmensas, de todas tus entrañas.

Un pincel, tu gata y un amor que murió, otro que quisiste vivir y dejaste escondido y tus recuerdos. Montañas de recuerdos.

Mirar atrás parándote en el hoy. Buena vida has tenido.

La que te tocó, la que te hiciste. Sos toda una guerrera.

Ya no hay ninguna queja. Verte surgir, sonriendo y confiando. Siempre creyendo en vos.

Cuenta tus dones, te dijeron antes. Fue lo que hiciste, sumando y completando. Enriqueciéndote, a cada paso, en todos tus alientos, consciente a cada instante.

Unas veces mejor, otras no tanto. Unas veces sabiendo las razones, los porqué de tus actos, otras veces dejándote llevar por la fortuna o los trazos marcados.

Aquí estás esta vez. Éste es tu espacio. Aquí podés crear y recrearte. Crear y crearte adentro, entre la luz, en tu penumbra, un lápiz agitando. Los colores y vos. La pluma y tu trabajo. Tu mente que no cesa, de componer imágenes, dando forma a relatos.

Esta es tu vida hoy. Tu vida que tal vez en algún tiempo, se surcó dando tumbos. Hoy, ya no lleva retrasos. Tu vida, como hay tantas, de mujer que se observa, que se siente, se ama.

Tanto bosque cerrado, tanta duna empinada, pudiste recorrer para llegar aquí.

Entera, coherente, unas veces exhausta, otras tantas muriendo, pero siempre adelante, siempre llena de vos, levantándote, sumándote a vos misma. Nunca jamás, extraña.

Por fin te has conocido.

Mirás atrás y ya sabés muy bien, unos cuántos misterios de por qué y para qué has venido hasta aquí. Y aún, lo que te falta. Pero fluyendo en vos, agua de manantial, luz de luna alumbrando, brisa fresca que danza al compás de la lluvia de una fría mañana, porque todo está hecho y sólo queda ahora lo más maravilloso: Nada. O sea, Todo.

Ser Una con la vida. Celebrar cada instante, cada momento tuyo, cada beso encendido de tus hijos que crecen, las miradas de amigos, las risas compartidas, reflexiones, escuchas, silencios, caminatas. Cada minuto viva o un despertar perfecto, brumoso y tibio, metida entre tus mantas, tu cuerpo envuelto suave en esa cama por nadie más que vos, acompañada.

No hay quejas. Hay justicia. Este tiempo es tu tiempo. Tuviste un gran amor, una extraña pasión que no pudo afianzarse, muchos amantes buenos, diversión, viajes, arte, delirios, cultura y buenas charlas. Aprendiste a pensar, a sentir, a desear.

No supiste mentir y no te interesaba. Le cerraste las puertas de tu corazón ardiente a quien no te gustaba. Elegiste tu gente, tu mundo, tu verdad, tu locura, tu encierro y la libertad en tu alma.

No debés nada a nadie. Nadie te debe nada.

Las cuentas en tu vida, están todas saldadas.

Conociste tus miedos, tus dolores profundos, tu alegría completa. Tus fuertes obsesiones, las piedras del camino, obstáculos, tropiezos, repeticiones varias.

Había que aprender, porque a eso has venido y a ese menester has entregado tu cuerpo y tu cabeza, tus ganas, tu coraje. Te caíste mil veces pero te incorporaste. Caíste fuerte, rotunda y consistente. Y supiste apoyarte en tu fuego interior, para sacudir el polvo, las manchas y las marcas, poniéndote de pie de nuevo, un salto arriba y un paso hacia adelante y de nuevo la marcha.

Y hoy estás aquí sola, sola, sola con vos, o sea, acompañada. Tu mirada se pierde en alguna distancia, recordando lo que fue, lo que pudo haber sido, lo que quedó o se fue y lo que se solventó en vos, a base de tu garra.

Hoy estás aquí. Mirándote al espejo de esa cara pintada. Tu cara. Tu luz, tu increíble mirada.

Por fin agradecida. Te has mirado y sentido. Tocado, olfateado, lamido las heridas, tragado a borbotones una a una tus lágrimas.

Has pesado con perfecta cautela, los gramos de tu alma.

Tu alma, que no es ella, la del cuadro pintada, ni vos, ni tu persona. Sino Luz en sí misma.

Aquí estás. Pincel en mano, satisfecha, completa.

En silencio profundo, aunque siempre cargado de tan bellas palabras.

Palabras, ésas que se murieron en algún poema viejo y que siempre con vos, resucitan, exhaustas. No las dejás partir, son tus grandes aliadas.

Aquí estás, otra vez, despierta y comprensiva. Con la vida, con vos. Con placer, con amor, con ese amor que supo ser y transformarse pudo y esa pasión en vos, que apareció de nuevo recordándote viva, que en tanta desventura te desbordó y se fue, dejándote este hoy, esto que sos, esto que ves, esto que está en tu corazón marcándote el camino que paso a paso irás ahora, serena y fuerte, retomando de nuevo, pisada tras pisada.

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